Se trata de un enterramiento colectivo, que se puede datar en más de 5.000 años. Bajo este montón de tierra, de forma semiesférica, se oculta una cámara magnífica (dolmen) compuesta por losas imbricadas, que definen un espacio de forma poligonal, recubierta de otras losas en forma de tampa. Los cuerpos inhumados se acompañaban de verdaderos ajuares funerarios, compuestos tanto por elementos domésticos (recipientes cerámicos, hachas de piedra…) como por diversos adornos.
Las mámoas son las primeras muestras de arquitectura monumental que tenemos sobre el paisaje gallego. Se empezaron a erigir hace algo más de 6.000 años con la llegada de la agricultura, en el período conocido como Neolítico. Se trata de enterramientos colectivos de morfología exterior aparentemente sencilla, en el que se observa un montículo semiesférico que sobresale del entorno (túmulo) y que esconde en su interior una cámara funeraria (dolmen) compuesta por un número variable de losas pétreas (ortostatos) que delimitan un espacio, generalmente de planta geométrica que, eventualmente, puede contar con un pasillo de acceso. En el interior de la cámara funeraria era donde se depositaban las inhumaciones, acompañadas de menajes funerarios (recipientes de cerámica, hachas pulidas, flechas, adornos y, en momentos más tardíos, algún objeto metálico de cobre, plata u oro).
En la mayor parte de los casos, el túmulo está recubierto de una coraza lítica, seguramente construida con la finalidad de consolidar y adornar la estructura final. También es común que las paredes de las cámaras estén “decoradas” con pinturas y/o grabados de temática geométrica (líneas onduladas o mordiscos, puntos…) o, más excepcionalmente, con representaciones esquemáticas de figuras humanas o de animales. Suelen encontrarse en grupos a modo de verdaderas necrópolis, en lugares llanos, a cierta altura y con amplio control visual.
No existe un censo de estos monumentos pero se calcula en unos 6.000, número que sería mayor si tenemos en cuenta las que fueron destruidas a partir del S. XVII para buscar tesoros en las tumbas del “ gentiles galigrecos”.
En Nigrán, como en el resto del Val Miñor, tenemos una variada muestra de este tipo de enterramientos, aunque desgraciadamente en los últimos años sufrimos la pérdida de varios de ellos. Se sabía de la existencia de siete mámoas en el ayuntamiento de Nigrán, de las que únicamente se conservan, en condiciones más o menos adecuadas, tres. De estas únicamente se excavó una, la mámoa de Os Consellos (Parada) de la que nada queda, aunque en su interior escondía uno de los mejores ajuares funerarios conocidos en toda Galicia.
La mámoa de As Requeixadas conserva las inequívocas marcas de las citadas “profanaciones”. Sobre la parte más alta del túmulo, de más de 17 m de diámetro y 1 m de altura, podemos observar un importante cráter de varios metros de ancho. En varios puntos del túmulo asoma parte de una cuidada coraza lítica realizada a base de bloques regulares de granito.